A favor y en contra de los (buenos) procuradores

A favor, este post de Javier Blasco Sánchez, en el blog de iusQuare, en el que compara los buenos y los malos procuradores y, en defensa de la labor de los primeros, argumenta lo siguiente:

«Sin embargo, en la otra cara de la moneda, encuentras aquellos que te responden al email amablemente, diciendo que lo que necesites que llames, que te mandan una resolución al respecto para que te quedes tranquilo, etc.

Que cogen y te dicen: Tranquilo. No te preocupes. Yo me encargo.

¿Se ve la diferencia? ;-)

Toda esa labor de descarga al abogado que hace un buen procurador NO TIENE PRECIO.

¿Que se han dejado de firmar por error varias hojas del Convenio Regulador ya presentado? Tranquilo. Hablo con la oficial y si hace falta hablo con el cliente y que se pase por mi despacho. Tú tranquilo.

¿Si me puedo pasar por tu despacho? Claro. Sin problema.

¿Que necesitas el qué? Por supuesto. Ahora mismo te lo busco.

Es cierto. Esto se esta retrasando. Me paso por la oficina del juzgado y les pongo las pilas. ¿Te parece?

En fin. ORO.»

En contra, incluso de los buenos procuradores, mi propia opinión.

Si he entendido bien a Javier, lo que distingue a un buen procurador de uno malo es lo mismo que distingue a cualquier profesional: el malo se limita a hacer el mínimo esfuerzo, el bueno va más allá, y cumple su función con creces, ahorrando trabajo a los demás.

Pero no es eso, o no es solamente eso, lo que espero yo de un procurador, o lo que querría que hiciera para justificar su función, su existencia y su altísimo coste.

Porque puede que la labor de descarga al abogado que hace un buen procurador «no tenga precio», pero para el cliente, tanto el bueno como el malo, lo que sí tiene es un coste. Un coste que en contadísimas ocasiones se corresponde con la labor realizada o el «valor añadido» ofrecido.

Hubo un tiempo en que pensé -y defendí- que los procuradores eran el complemento procesalista del abogado, perito a su vez en derecho sustantivo: expertos en el proceso y en las costumbres del foro. Conocedores de los vericuetos de las leyes rituarias y de los juzgados. De qué pie cojea este secretario, qué tal es esta jueza, cómo recurro esta resolución y por dónde abordo esta prueba.

Pero, si alguna vez lo fueron, hace tiempo que esa especie procesalista de la procura se extinguió. Hoy, formulas esas preguntas, y el silencio se oye, un matojo rodante cruza la escena mientras se escucha el ulular del viento.

Ahora, sólo queda su arancel. Caracterizado por una escala de aplicación proporcional a la cuantía del proceso, que no guarda ninguna mesura con relación a la función que realizan.

Yo no veo ninguna razón para que ese arancel no corra la misma suerte que los baremos de honorarios de los colegios de abogados: la prohibición derivada de la Directiva de Servicios, la Ley paraguas y la Ley ómnibus, y la apertura de expedientes sancionadores por parte de la CNMC, a fin de que la fijación de los honorarios de los procuradores se sujete, como debe, a las reglas del mercado y a su libre determinación por medio del concurso entre la oferta del procurador y la aceptación del cliente.

Y tampoco veo ninguna razón para que la labor de representación en juicio de los procuradores no sea compatible con el ejercicio de la abogacía. Estoy deseando ser compatible y poder ejercer esa función en nombre de mis clientes, como lo hago ante las Administraciones Públicas o en recursos contencioso-administrativos ante órganos unipersonales. Ya me encargaré de que mi despacho ofrezca ese servicio al cliente y le cobre de forma justa y proporcionada, y no con el sobrecoste desmesurado de alguien que no hace más que entregar los escritos que redacto.